domingo, 22 de mayo de 2011

Mon chou violeta

Mon chou [shu], cielito mío según el diccionario, mi repollo violeta. 

Desde hace varios meses he decidido contrarrestar la malparidez del lunes dedicándolo a mis actividades caseras, no voy ni a la biblioteca, ni preparo clases, ni corrijo exámenes ni nada. Voy a la piscina, nado un par de kilómetros los días buenos, voy a la escuela de manejo y de regreso paso por el supermercado bío que me ha inspirado un par de recetas.  Primero lo primero, la crema de la crema de las preparaciones bío-bobo (bío – burgués  – bohemio): las semillitas germinadas. 

Me compré un par de cajitas de semillitas de mostaza, hinojo, rábano, puerro, entre otras que he puesto a germinar durante varios días en un súper artefacto especial, un pote de vidrio con tapa de plástico con el que me tumbaron 8€ porque hubiera podido hacerlo en casa artesanalmente. El cuento con las semillitas es que decoran cualquier plato, sobre todo las de remolacha, y tienen un gran contenido nutricional. En mis excursiones a la tienda bío-bobo También he encontrado otros productos que me han permitido reinterpretar la famosa comida de lunes, el arroz con lentejas. Encontré un tipo de lentejas llamada Beluga, porque disque es el caviar de los vegetarianos, son redonditas y negritas y las acompaño con amaranto, un cereal precolombino olvidado por los latinoamericanos, para así variar el aburrido y tradicional manjar del lunes. Pero eso se los cuento después.
Pero en fin, con mi  repollito violeta bío y mis semillitas bío y mi arroz violeta de Tailandia un lunes de malparidez hice uno de los platos cuya coloración y sabor lo hacen merecedor  de un articulito en el blog.  

Ingredientes
1 repollito violeta
200 gr de tocino en cuadritos
15cl de vinagre balsámico o vino blanco (según el presupuesto)
1 cucharada de aceite de oliva
1 cebolla
1 taza de arroz violeta o integral
1 puñado de semillitas germinadas


 
La preparación del arroz es bastante tradicional, la diferencia es que el arroz integral como el arroz violeta necesita más tiempo para estar en su punto, en general unos 25 minutos. Mientras  cocinas el arroz según el método que prefieras, pilaf o en agua, puedes ir preparando el resto.

Si no conseguiste el tocino ya cortado en cuadritos, pídele al carnicero una tira de tocino donde predomine la carne y córtala en trocitos bien pequeños eliminando el exceso de grasa. Pon a calentar una sartén y agrega los trocitos que se sofreirán en su misma grasa. Cuando estén doraditos elimina con una cuchara el exceso de aceite. Ojo con echarlo en el lavaplatos, además del carácter poco ecológico del procedimiento, te expones, como yo, a un regañón por parte del que tendrá que destaparlo.
A continuación corta el repollo en dos, luego finamente en juliana para obtener tiras bien delgaditas. Corta la cebolla de la misma manera. Sofríe la cebolla en dos cucharadas de aceite de oliva, agrega el tocino y el repollo y a fuego alto deja que se cocine unos 5 minutos, removiendo constantemente para que no se queme. Agrega el vino blanco o el vinagre balsámico, cubre, baja la llama y déjalo cocinar durante otros 5 minutos. Salpimienta con precaución ya que el tocino es un ingrediente salado.

Con la ayuda de mi molde artesanal marca cocacola (de 1,5L) dispuse el arroz en la base, luego el guiso de repollo y decoré con las famosas semillitas germinadas.

Bon appétit!

NB[1]: Por cierto, para que no me demanden por plagio, la idea del repollito es una copia adaptada del plato de Ludo y Sylvie.  Ellos lo sirvieron frío, como entrada, Elouan lo prefiere de esta manera.


[1] Nota para bobos según mi profesora

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